Me fui una tarde del trabajo para no volver pero, sin embargo, me llevé el cariño de todos mis compañeros. Especialmente metí en mi equipaje el cariño y la dulzura de alguien que, había estado separado de mí, únicamente por una pared de ladrillos y pintura, un muro que nos separaba a breve y escasa distancia.
Nunca pensé que le fuera a perder pero jamás me imaginé que la amistad se afianzara más de lo que ya era. Su tremendo sentido del trabajo, su responsabilidad, su energía a la hora de decidir me encantaban pero, mucho más su respeto hacia la gente que trabajaba con él, su ayuda y el cariño con el que nos trataba, especialmente a mí.
Rezo a Dios todos los días por amigos y compañeros pero, especialmente por ese ser humano tan sencillo y buena persona como es él, al que mucha gente debe agradecer por haber estado a su lado en momentos difíciles y complicados como lo hacía él.
Gracias a Dios por haberle conocido, a pesar de sus errores e imperfecciones.

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