martes, 22 de mayo de 2007

Aquellas chabolas

Paseando lenta y pausadamente, él me miraba de reojo y escuchaba atentamente mi voz al tiempo que yo le narraba las historias de antaño, de mi niñez, de cuando yo era un microbio y apenas sabían leer. Recordaba mi pasado, al tiempo que le contaba mi presente convertido en aquel misterioso tiempo que yo misma inventaba o deformaba ya que, los recuerdos eran muy lejanos y la nitidez no era la característica principal de ellos.
Al lado de los chopos que rodeaban el paseo, se encontraban las chabolas y chatarras de aquel suburbio, mezquino y maloliente que, albergaba miseria y destrucción. Niños sucios, semidesnudos, con harapos y chatarra por medio, basura que albergaba olores nauseabundos y tristeza en las caras de mujeres que anhelaban un trozo de pan para sus pequeños. Mi historia se la contaba casi al oído, para que no me oyeran por si acaso. En aquel lugar lleno de pobreza y miseria se mezclaban los objetos de oro valiosos con los alimentos podridos y rancios; la montaña de basura, se acumulaba sin tener a nadie que la recogiese en semanas; de cuando en cuando, una patrulla de policia se paseaba por el inmenso río de mierda y miseria y daba parte a la central por si en algún momento, podían limpiar aquella zona alejada de la urbe, en medio del campo, donde vivían cientos de familias en la más absoluta miseria.
Mi historia la terminé, le gustó y, me felicitó. Pronto, salí de aquel escondrijo de arañas y entré en la urbe para escribir uno de mis famosos y más prestiosos artículos: " El niño debe ser rescatado de la miseria". A partir de aquel momento, se empezaron a preocupar por aquel entorno aislado hasta entonces y se permitió que Sanidad y Asuntos Sociales tomaron contacto con la realidad de aquella gente y se pusieron "manos a la obra" para ayudarles.
¿Qué es la miseria y la aniquilación del ser humano? ¿Cómo se puede combatir?
Ayudémos y colaboremos para que se erradique la pobreza y la destrucción del hombre, luchando por un mundo de equilibrio y justicia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No se cuanto tiempo estuve observando la vida de ese poblado. Las infraviviendas te apostaban anarquicamente a derecha e izquierda, respetando eso si, la vertiente que a fuerza de aguas, y otros productos, se habia creado para la evacuacion de las propias casas. Eran dias de "agua va", de fragancias de humedad y detritus, de embarramientos de chanclas y almas.
Que curiosa puede ser la observacion burgesa de alguien que como yo, ha vivido siempre al amparo seguro, del ladrillo y las conduciones acuiferas, me resultaria ahora ingrato,pensar aunque solo fuese por un momento, en las ventajas que esto tiene, si es que aporta alguna ventaja. Cierto es, que no era lo mas salubre y esteril, distaba mucho de ser incluso agradable para los sentidos. Pero acaso por eso, y solo por eso era malo, o acaso nuestras pituitarias no perciben ya el inconfundible aroma de la libertad.No digo que hayan sido libres para elegir esa forma de vida, pero en sus rostros se reflejaba el haber asimilado sin sufrimiento esa forma de vida, nadie les habia dado a escoger, he de decir que a mi tampoco. Pero si la informacion y la educacion maquilla la libertad, por dar como buenas las actitudes de la mayoria, en su caso la mayoria de los que hoy viven en estos pueblos, lo seguirian haciendo en el futuro ya que no soportarian las jaulas, por muy de ladrillo y perfumadas que estas fueran, porque como nomadas de la vida su destino y el de la comunidad van ligados, en la fogata hogareña o en el resurgir del consejo de ancianos tribal que determina y dirige el destino de cada uno.