Sensación de paz, música acuática y sensitiva, relajación y espíritu sublime, marco indescriptible e imborrable dentro de la armonía de la noche de Madrid. Difuminada la Catedral, iluminada a cal y canto se percibía a lo lejos un conjunto histórico de restos de gran valor del centro de Madrid. Un bello y señorial Palacio Real, una grandiosa y esbelta Catedral, jardines inusitados y especiales lleno de encanto y de historias peregrinas de antaño...
Ambiente relajado, distendido y apacible; noche mágica, especial, llena de sabor castizo y calor abrumador. Corazones entregados al olvido, al ensueño de la noche poco a poco más cerrada en la que, el deseo y el anhelo de vida se funde con el rostro de los Fuegos Artificiales, llenos de colores vivos y ruidos trepidantes. A través de la alambrada, sostengo a mi hijo en brazos y, suspiro a los cielos mis recuerdos, sueño con los amores perdidos y anhelo los recuerdos sumergidos del eterno descanso del hombre en su profunda mente dormida.
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jueves, 17 de mayo de 2007
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