En mitad de la noche, cuando la ciudad duerme en su gran mayoría, me despierto sobresaltada y salgo a la terraza silenciosa y gigantesca de mi casa, me siento en una silla y permanezco horas y horas mirando el cielo estrellado. El silencio de la noche, los pequeños sonidos y crujidos que se oyen de vez en cuando, los gatos negros que saltan las rendijas del portal y se pasean tranquilamente por el jardín, el remanso y contrapuesta alteración de las aguas de la piscina...en fin, un sinfín de ruidos minúsculos y casi imperceptibles para el que duerme, acechan el silencio completo y ensimismamento de la noche estrellada. Es entonces cuando miro al cielo y penso en ese Dios, grande y misterioso, al que quiero y anhelo en mi vida a pesar de las dificultades y los obstáculosm fuente de paz y vida. Cada estrella es un trozo de Él.
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jueves, 19 de julio de 2007
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